AÑO 18

NUMERO 61629

Política

Año: 1

Número: 8

Ciudad de pobres corazones.

Crear conciencia es una cosa y desparramar culpa es otra muy distinta. Una cosa es informar a la gente sobre el tema de medio ambiente, con honestidad,  aunando voluntades, consensuando medios,  aportando soluciones, hipótesis, que se yo, alguna locura para enderezar la cosa, ir para adelante. Muy distinto es juntarse entre cuatro o cinco para armar una cofradía cuyo único objetivo es darse manija todo el santo día (y no precisamente a favor), para destruir en lugar de crear, para recular en vez de avanzar..., manija en contra, bien de resentido, manija a la "caiga quién caiga", manija a reventar a todos los habitantes de una ciudad, de una ciudad como la nuestra, manija injusta para colmo. Y ojo, no se agranden, que no hace falta mucho que digamos para ser traidor, batidor, falluto. Solo hace falta ser egoísta (atributo que abunda en estos días).
Nos facturan los muertos. te das cuenta. ¿Te gusta que te facturen los muertos? La chica esa que se murió, el otro que le duele la rodilla, aquél que le cortaron un dedo ¿Todo es culpa nuestra?... ¿Sabe la gente de afuera que estos tipos (diez tipos) lo único que hacen es facturar muertos, crear culpas...?  Y para colmo, acá, para nosotros, es solo un tema menor (La Santillán y los bagres que cobran para tomarle el pelo a la gente lo inflan y lo inflan). Acá, en la ciudad, nada que ver con la novela que se ha desparramado por el país, por el planeta... porque estos porteños del Grupo Clarín escupen muy lejos (escupen su veneno envenenado). La víbora que hirió de muerte al padre Grassi es la misma que picó a De Pace. Es el mismo veneno. Un veneno que mata, hay que ser realista: este veneno mata, elige a la víctima que más le conviene y mata (eligen una carpeta, una cabeza que cortar y la cortan), y también mata al que se le cuadre, no importa si sos bueno, ingenuo, desprevenido, vivo o pelotudo, no, te liquida igual... no perdona.
De Pace. El Intendente De Pace, lamentablemente, pecó de ingenuidad. De confianza propiamente dicha. De tipo confiado del interior. Por supuesto que eso pasó porque el hombre no tiene filtros. Al decir filtros queremos decir: custodios (que eviten que cualquiera se meta en su oficina), o, no sé, amigos, que se ocupen de preservarlo, que lo cuiden. Porque, ojo, el Nino será el Nino (podés pensar de él lo que quieras) pero el Intendente es distinto, el Intendente es de la ciudad, es nuestro, hay que protegerlo para que no le tomen el pelo, no lo difamen, no le bajen los pantalones, no lo agarren para la joda ¿O me equivoco?     
El Intendente dijo cosas terribles. La dijo. ¿Fuera de contexto? ¿Editadas con absoluta perversidad por los justicieros de la Capital? Puede ser. Hasta es muy probable que así sea, hay fundadas razones para pensar que la tan mentada investigación no es más que una truchada más cercana al delito que a otra cosa, pero igual, ... ¿Cómo hacemos para explicarle al país entero que no es así como se vio? ¿Cómo hacemos para reparar lo que se ha roto? ¿Alguien tiene alguna idea? Estudiantes, compradores, turistas, visitantes, inversores, amigos, parientes y cuanto bicho que camina (si acaso les asiste la posibilidad de elgir), entre esta bendita ciudad y otra, elegirá invariablemente la otra.
¿Dónde quiere comprar campo mi amigo; en Esperanza o en Rafaela?
 ¿Dónde te parece estudiar nene; en Esperanza o en Río Cuarto?
La Argentina tiene hoy ventajas competitivas notables con respecto a los productores de alimentos del resto del mundo. Los precios de nuestros productos primarios son altamente favorables, será por el bajo costo de la mano de obra, será por la devaluación, será lo que será. La cosa es que todos queremos vender y si es al exterior mejor que mejor. ¡Te das cuenta! ¡Resulta que veníamos bien y parió la abuela! (¡Qué lo reparió!)
En la ciudad, la gente, parece estar entre indignada y avergonzada. Como si nos hubieran sorprendido a todos con los calzoncillos en la mano. Eso seguramente va a pasar (Ojalá), no es la muerte, lo único que debe quedar claro es que para demostrar la verdad, solo nos queda un arma tan simple como eficaz. Porque resulta, amigo lector, que para saber quién miente y quien no, no queda más remedio que venir a esta ciudad, verla, disfrutarla, levantar la vista y rendirse ante las bandadas voladoras de negruchos, gorriones, palomas y cardenales. Tomar agua de la canilla y ver que uno sigue vivo (Más vivo que antes). Pescar en el zigzagueante Salado (Fritar cerca de la orilla). Y si se quiere, esperar la muerte. Por supuesto que será una muerte por exceso de naturaleza, a la orilla del lago artificial que no se cansa de florecer en primavera. Con los patos criollos y con los crestones que retozan en el agua. Ver para creer.
Ver para creer.
La gente no merece que la atropellen con demandas culposas. Los 35.000 habitantes de esta hermosa y limpísima ciudad no le debemos nada a nadie. Todos tenemos problemas (es cierto), todos hemos padecido desgracias, sufrido algún pesar, ¿Quién no tuvo que lamentar una muerte cercana...? Pero la perversidad de facturarle los muertos al prójimo, la bajeza de culpar a los vecinos, directa o indirectamente, por cada muerto que se entierra en la comarca, por cada accidente, por cada desgracia. Y ahora la evidencia de que los presuntos fines altruístas no son tales, que solo se trata de conseguir plata, que todo esto es un montaje para respaldar un juicio basado en una difusa ley de intereses "difusos" que lleva el número 10.000. Bajezas, traiciones, conductas, extrañas conductas que no tienen nombre.
Acciones que deshonran a la especie humana.
Me avergüenzo de que individuos de esa calaña vivan en mi ciudad. 
Me avergüenzo.
 
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