AÑO 18

NUMERO 61629

Actualidad

Año: 13

Número: 602

¡CAPÍTULO IMPERDIBLE DE LA NOVELA MUNICIPAL!

Hoy: "Ya sabés dónde te podés meter el radar"

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“Mire Gómez, en realidad, no sé si me conviene ese asunto de los radares”. Eso dijo la señora Intendenta de la primera colonia agrícola, mientras se mandaba al buche una sopa de gallina, en el propio escritorio de su despacho oficial, a eso de las diez de la mañana.

Y agregó: “Voy a tener que ir a mi casa a veinte kilómetros por hora”.

“Puede ir un poco más rápido”, dijo Gómez mirando por los ventanales.

“No me contradiga Gómez, usted sabe que estos aparatos terminan “perreados” por los inspectores para africar multas a troche moche”.

Unos gorriones se habían posado en el barandal y Gómez le estaba arrojando migas de pan de la merienda de la alcaldesa del día anterior.

“Puede ir a sesenta por hora, señora”, dijo Gómez.

La Intendenta hizo ruido al engullir la sopa espantando a los gorriones.

“Gómez, usted no me está escuchando, yo digo que usted podrá ir a sesenta o menos pero igual el aparato terminará mandándole la multa a su casa”

Los gorriones volvieron a picotear las migas. Gómez suspiró y arrojó un poco más de pan duro.

“Los pajaritos no tienen problema con el radar”, dijo Gómez.

“¿Qué dice, Gómez?; dijo la primera dama que ahora tomaba la sopa directo de la taza.

“Los gorriones salen de un huevo y vuelan libres como el viento, nadie les pone límites a su velocidad de vuelo. ¿Quién puede explicar con propiedad que tiene que ver un huevo con el acto de volar? ¿Qué es eso, un milagro, un  hechizo, acaso magia?”, dijo Gómez.

La señora se levantó de la silla y tomó la taza vacía con la mano derecha. Inmediatamente como quién se dispone a arrojar la bala en los juegos olímpicos, se puso de costado apoyada sobre la pierna más hábil, levantó la taza hasta su mejilla, hizo dos pasos y la arrojó en dirección a la baranda donde Gómez divagaba.
El secretario vio venir el proyectil y se agachó. La taza pasó cerca de su oreja izquierda y se estrelló con gran ruido contra la baranda. Los gorriones levantaron como una flecha y se perdieron en el aire.

“Yo te voy a enseñar a escucharme a vos, mocoso. Andá a hablar de los huevos con tu abuela, carajo”

Eso dijo la señora y después no habló más. 
 
 
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José Bergamín (1895-1983)
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