AÑO 18

NUMERO 619

Opinión

Año: 13

Número: 600

CIUDAD: La lucha contra la mentira

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En estos pueblos pequeños hay vicios que deben combatirse a riesgo de que se hagan virales. Los vecinos que deciden dedicarse a la política, casi siempre, lejos de acusar alguna vocación de servicio, voluntad solidaria o ideología, se enganchan en la mayoría de los casos, porque no encuentran laburo en ninguna parte. Mejor dicho, los laburos privados, no le pagarían lo que se llevan como funcionarios, ni en cien años.  Un tipo que no pasa de empleado raso en cualquier parte, se despata con honorarios de gerente en el Municipio. Esa es la cosa. Y esa cosa, la guita, la tarasca, es uno de los motivos fundamentales que impulsa la mentira. El tipo, para que lo sigan votando a él o a sus amigos macanea a lo loco. Dice que hace cuando no hace. Se adjudica cosas que no hizo. Se disculpa por no hacer hasta el hartazgo y cansa, da pena, genera odio.

Si uno sale a preguntar por la ciudad, "cuánto se quiere o no se quiere a los políticos", comprobará que, de mínima, nadie los quiere. Y es posible que haya unos cuantos que digan que "son todos chorros". La conclusión se puede exponer sin riesgo porque no es novedad para nadie. Una de las causas por las cuales no se quiere a los funcionarios es que al poco tiempo de llegar al Municipio empiezan a mentir. No tenemos plata, estamos estudiando, estamos gestionando, lo estamos viendo, en fin, hay más un pretexto para no hacer nada. Un Intendente que no hace nada, hace reuniones.

¿Cómo se puede estar tanto tiempo sin hacer nada? Se preguntan los contribuyentes. No es tan fácil, es toda una técnica para evitar tomar decisiones. Para que nadie lo joda ni le endilgue la responsabilidad de alguna metida de pata no hay que tomar decisiones. ¿Qué hacer entonces? 

-Finja estar confundido

-Forme un grupo de trabajo cuyos integrantes estén demasiado ocupados para reunirse

-Envíe a los empleados municipales a la búsqueda de más datos

-Diga que está esperando que los secretarios del gabinete "se pongan en órbita"

Es una técnica. Las respuestas del Intendente (a) provocan siempre el aturdimiento de quienes le traen las ideas. Y como el Intendente nunca está disponible para aclarar comentarios, los entusiastas que quieren trabajar, deberán embarcarse en una absurda odisea para encontrar respuesta a sus preguntas. Eso lleva meses. Cuando por fin vuelven a molestarlo con inquietudes, el Intendente hace como que está perdiendo la paciencia y amenaza al intruso para que no vuelva a presentar otra petición confusa.  ¿Esa conducta se puede mantener más de una década? A las pruebas me remito, en la ciudad eso ha sucedido. ¿O acaso no han comenzado ahora, luego de 9 años a arreglar las calles? Y eso porque la suerte trajo a un muchacho que pretende hacer algo. De lo contrario se hubiera seguido macaneando como siempre. 









 
 
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