AÑO 18

NUMERO 619

Política

Año: 12

Número: 589

ALGUNOS PACTOS ENDEMONIADOS.

algunos-pactos-endemoniados

HISTORIAS DE LA CIUDAD SECRETA
DEMONIOS EN LA CIUDAD

- “Los muchachos que meditan en los bares de la ciudad, aseguran que en época de elecciones, apenas anochece, en la Plaza San Martín y en la estación de colectivos, rondan el demonio y sus subalternos, buscando las almas de candidatos y funcionarios del gobierno municipal de turno.” –Eso fue lo que dijo el Colo acodado en el mostrador del bar de la calle Córdoba.
- Original para cuento pero injusto para los políticos si es que son los únicos buscados –dijo el dueño del boliche mientras dejaba un vaso con un líquido verdoso en la mesa del fondo.
-Bien dicho. Pero se decía que tampoco se libraban los amantes del azar y de los juegos de cartas, porque mandinga, visitaba las timbas -completó el Colo.
- ¿Y cómo se hace para identificar a los demonios que usted dice?
-El aspecto de los demonios permite confundirlos con ciudadanos comunes. Solo los más sagaces alcanzan a vislumbrar las señales que denuncian a aquél que viene de las tinieblas. Demasiado elegancia, zapatos relucientes, un anillo en el meñique, reloj de oro, una uña extremadamente larga y afilada…
- ¡Caramba! – dijo el bolichero relojeando a un parroquiano con cara difícil- ¿Sabe de alguno que haya pactado con el maligno, don Colo?
- Hubo uno que, según dicen, en un estudio de abogados de la ciudad, entregó el alma a cambio de tener el amor de todas las mujeres. Le decían “Aduana” y se lo recuerda paseando con las mujeres más hermosas. Las muchachas lo seguían por la calle, en las confiterías se acercaban a su mesa, se cuenta que más de una vez tuvo que arrojarse del colectivo local, NECE, huyendo del ardor de las pasajeras. Hasta sus amigos lo abandonaban temerosos de que les robara sus novias.
- Bueno, bien con la minas, pero mal con los amigos. –dijo el bolichero.
-En el amor hay daño si falta y hay daño si sobra. Y este picaflor soportó más que nadie la segunda desdicha. Las mujeres no lo dejaban dormir. La muchedumbre lo seguía por todos lados. Para colmo, después, se enamoró de una vecina y ya no necesitó el amor de otras mujeres. –dijo el Colo.
- El diablo siempre te jode. ¿Y cómo terminó el “Aduana” don Colo?
- Un marido celoso lo desarmó a patadas justo el día de los enamorados.

 
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