AÑO 18

NUMERO 619

Opinión

Año: 12

Número: 583

¿QUÉ VA A CONTROLAR EL NUEVO CONCEJO?

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El nuevo Concejo, con mayoría opositora, tendrá que controlar a un ejecutivo que ha demostrado repetidas veces que no quiere ser controlado.

¿EL CONCEJO, PARA QUÉ ESTÁ?
Un concejal es una persona elegida por el pueblo para defender los derechos de los vecinos, procurándoles mayores servicios con el propósito de mejorar su calidad de vida, elevando al Departamento Ejecutivo proyectos y propuestas para que éste los haga cumplir.
Como todo poder legislativo, el Concejo Municipal tiene dos funciones esenciales:
LEGISLAR: Dictar las normas que regirán la ciudad en todo lo relacionado al cometido constitucional y legal de los municipios. Esta competencia legislativa se ha ido ampliando progresivamente acorde a la creciente importancia que en los sistemas democráticos asumen los municipios como centros vertebradores de la vida comunitaria en los aspectos territoriales, urbanísticos, económicos, culturales y sociales.
CONTROLAR: En el sistema republicano que nos rige, el Concejo ejerce también la función de contralor de los actos del Departamento Ejecutivo Municipal, pudiendo llegar hasta su destitución.

¿QUÉ CONTROLA EL CONCEJO?
Todo hace pensar que no resulta sencillo ejercer el control en nuestra ciudad.  Tanto la Intendenta como su secretario de hacienda se fastidian cuando se les señalan errores o se  les solicita información sobre un acto de gobierno. La agresividad de la alcaldesa ya se puso en evidencia y la llevó, no hace mucho, a cortar por completo el pago de las dietas y  suspender los recursos del Concejo. Perturbada por las decisiones del cuerpo en el tratamiento de una tributaria, la señora, no dudó en colocarse al margen de la ley con tal de hacer prevalecer sus caprichos.  La campaña de desprestigio que encabezó en esa oportunidad la Intendenta y su asesor Albarracín es inédita en la historia del Concejo Municipal.
¿Es posible que aquella violencia del poder ejecutivo haya disciplinado al Concejo? En principio, debemos señalar que, nunca más, a partir de aquellos desafortunados acontencimientos, los ediles volvieron a consultar, preguntar y denunciar con la misma saludable vehemencia.  

¿ES POSIBLE EL DIALOGO?
Es un lugar común el hecho de que el poder ejecutivo municipal, cada vez que se lo interroga, se autodenomine "abierto".  Pero es curioso que siendo el Concejo un organo de control, la Intendenta haya creado un híbrido paralelo al que llama irónicamente "cabildo abierto".  No es raro en cambio que ese exótico "producto" haya surgido cuando el abogado Albarracín era ladero, asesor y "Alcalde paralelo", en una época para el olvido. Por supuesto que es difícil establecer un diálogo cuando uno de los interlocutores se presenta esquivo e incluso se ufana en reemplazar al Concejo por otros engendros impensados. El Cabildo es una idea, ni buena ni mala, solo una idea que, claro, conviene al Intendente. Es lógico que se prefiera ser controlado por un organismo que no tiene facultades para hacerlo que por otro que sí las tiene.  No olvidemos que el Concejo puede hasta destituir al Intendente, de hecho existen localidades en que eso ha sucedido.  El "cabildo abierto" es una obra a la medida de los Intendentes a quienes fastidia el control.

¿QUÉ PASARÁ ENTONCES?
La ciudad ha renovado la confianza en la Intendenta Meiners. Aunque parecería que no del todo, porque le ha puesto un férreo control a sus actos.  Los últimos comicios le han dado a la oposición mayoría en el Concejo.  Un ejecutivo en esas condiciones tiene dos caminos; o se entiende con el Concejo o se expone a un desgaste seguro. Si el gobierno municipal reelecto insiste con evasivas, abiertas o no abiertas, tendrá problemas. A veces, por sus actos, se evidencia que al ejecutivo municipal le cuesta entender que los recursos públicos pertenecen a los contribuyentes, a la ciudad, y que, justamente, la ciudad (amparándose en la ley) ha designado a un grupo de concejales para que controlen el destino de esos fondos. El papel de los ediles no es menor, controlar a un ejecutivo que a todas luces no quiere ser controlado no es una tarea sencilla. Pero:  "¿Qué conviene y qué no conviene a los vecinos?" , al parecer, nadie se hace esa pregunta. En el fragor de la lucha por el  predominio de un sector sobre otro, los intereses de la gente han quedado en el olvido.  La realidad nos dice que los votantes han elegido a la Intendenta para que continúe, es cierto. Aunque no han depositado la cantidad suficiente de sufragios para que la primera dama gobierne sin control o (por lo menos) secundada por un Concejo integrado por "compañeros" del palo.  Esa realidad obliga al gobierno "abierto" a que se abra en serio y no de "mentirita".  Claro que también se necesita de concejales capaces, no puede ser que se burocratizan, no puede ser que se conviertan en meros empleados públicos y desperdicien el mandato que sus vecinos le han encomendado. Para dar un ejemplo: a pocas cuadras del Concejo, en la esquina de Lehmann y Belgrano, se levanta (por ahora) un edificio adquirido por la Municipalidad, que, aparte de ser un peligro para todos los ciudadanos, es el símbolo de la desidia y de la "vista gorda" de todos los funcionarios en ejercicio. Ese es el monumento patente del "qué me importa" que, para colmo, se multiplica en unos cuantos ejemplos más. Controladores y controlados ciegos y patéticos.

CUADRO DE SITUACIÓN
Politicamente, la cosa es más sencilla de lo que parece. Los dos espacios de siempre, peronistas y radicales. Con algunas variantes, frentes, línea K, en fin, solo cotillón, son los de siempre. El peronismo confirmado en el Municipio para su tercer período. Los radicales con mayoría en el Concejo. En suma, cuatro años con una Intendenta peronista controlada por un Concejo radical. El lugar más cómodo, sin duda, es para la oposición, que tendrá el control del ejecutivo municipal sin afrontar el desgaste que sufre la Intendenta, desgaste que, según su costumbre, Meiners, intentará trasladar al Concejo. El famoso y remanido "no hago nada porque no me dejan hacer nada" es  historia vieja y conocida. Lo que habrá que ver es si la ciudad está en condiciones de seguir aguantando este "jueguito". Si los "abiertos" insisten con la misma estrategia, si los controladores no controlan y los controlados no se dejan controlar, habrá problemas, la parálisis continuará, volveremos al principio, al año 2007 cuando el conventillo fue la estrella y las obras se postergaron. Diez o veinte cuadras de pavimento en ocho años, lo dicen todo. Cientos de millones de la gente terminaron en poco y nada. ¿Los que tenían que controlar? Bien, gracias.

 
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