AÑO 18

NUMERO 619

Opinión

Año: 12

Número: 558

ESPERANZA, LA CIUDAD DONDE NO MANDA NADIE.

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¿QUIÉN EJERCE LA AUTORIDAD?: La autoridad nació. En los individuos, en las familias, en los pueblos, es un don en que la voluntad de los hombres tiene poco que ver.  La autoridad así tomada en su nacimiento, es algo simple y puro. Ciertos tipos humanos la poseen, los otros carecen de ella. Nuestra ciudad, actualmente, parece abonar a la segunda posibilidad.

1-El Municipio debe entender que lo verdadero vale por sí mismo.
El gobierno municipal hace todo lo posible por "parecer" activo, sin demasiado éxito. Especula con la ingenuidad de los esperancinos que casi siempre están ocupados tratando de sobrevivir.  La información que trata de hacer prevalecer el Intendente y su gabinete tiene que ver con una tupida literatura que incluye cursos, visitas, convenios, acuerdos, planes, proyectos y todo tipo de señales de humo que pretende tapar las deudas pendientes de la gestión.  La realidad es triste. La nuestra es una ciudad de veredas rotas, calles rotas y edificios en ruinas.  Y por si esto fuera poco, una ciudad con la red cloacal colapsada. 
Los asuntos a resolver, a simple vista, son tan graves que hacen dudar de la capacidad del gobierno municipal para resolverlos. De hecho no hay nada que haga suponer que vayamos en la dirección correcta. Ante esa evidencia , el Intendente y sus secretarios, parecen estar muy ocupados inventando escapes a la realidad, cursos, conferencias, obras de teatro. La máxima expresión de la creatividad municipal está plasmada hoy en la realización de lomos de burro.
No son malos los lomos de burro. Siempre y cuando no aparezcan como una fuerte señal de que nuestros funcionarios se entretienen en pintar los cordones cuando lo que se hunde es la calle.

2- Los funcionarios deben recuperar la autoridad.
Los responsables de la conducción de los asuntos de la ciudad tienden a relajarse luego del triunfo electoral.  Deberían entender que los votos le han otorgado la "facultad" de mando pero no la "capacidad".  Las dos acepciones van juntas y no tienen sentido la una sin la otra. La "facultad" sin la "capacidad"  -como sucede en nuestra ciudad- lleva al fracaso. Los candidatos electos llegan al Municipio y, una vez disipada la euforia del triunfo, se encuentran con un ejército de empleados a quienes deben asignar funciones y luego controlar para que las realicen con eficacia.  La dura realidad les demuestra que sin autoridad muchos trabajos son imposibles de hacer. La tupida tropa de operarios municipales, por múltiples razones, está impedida de realizar muchas tareas que finalmente son encomiendan a terceros, provocando perjuicios económicos al contribuyente. El vecino debe pagar por la planta de personal y por los particulares que, finalmente, hacen el trabajo. ¿Por qué no hace el Municipio lo que se supone debería hacer? La realidad nos dicen que el Municipio es un taller parado, sin eficacia, no está entrenado para el menor trabajo colectivo porque carece de la disciplina que solo se consigue con el ejercicio del mando.
Sin autoridad la ciudad es un caos. Las rivalidades internas priman sobre los intereses comunes. No hay orden, debemos entender que el orden solo impera donde existe el mando. El mando es una necesidad social. Últimamente da la impresión de que nadie tiene autoridad, ni el Intendente ni el Concejo, y lo peor, nadie pelea por afirmar el principio de autoridad. Solo se ven quejas de uno sobre el avance del otro. Nadie predomina, nadie sostiene su posición, al menor avance de uno, el otro se repliega.

3- Con la oratoria no se coordina ni se ordena.
Decía Richelieu que "es la expresión viviente del mayor interés de las multitudes, ser gobernadas y bien gobernadas, en el buen sentido, con firmeza".  Claro que no es pretensión de esta nota exigir esa virtud a nuestros gobernantes locales, pero, por lo menos, cierta inclinación por el sentido común no vendría mal. Hay ejemplos que son realmente curiosos, uno de ellos es el hecho de preparar mediante planes nacionales rentados a jóvenes para más y mejor trabajo y luego contratarlos a traves del Municipio.  "Muchachos, prepárense para cortar yuyos que nosotros les daremos trabajo" ¿Ese es el objetivo de los cursos preparatorios? ¿Se necesita invertir en semejante estructura para aprender a podar árboles? La gente paga por los cursos, paga por los empleados públicos que deberían podar los árboles y paga por los nuevos egresados que harán el trabajo. ¿Será ese el camino del progreso, el sendero de la revolución o solo se trata de una tomada de pelo?  Cuando vemos que ese "acto" se presenta como un logro de la administración municipal, nos preguntamos si estaremos soñando y, en caso de ser así, cuando nos vamos a despertar.

4- Cuando nadie manda, mandan todos.
El poder no es una idea, es un hecho. La carencia de poder lleva a la tierra de nadie. Lo toma el que quiere, lo conserva el que puede. La propiedad del poder resulta del trabajo, del trabajo hecho, "bien hecho".  Cuando los supuestos depositarios del poder que otorga la ciudadanía no han hecho nada, lo van dejando vacante. Así, estos "dirigentes", han conseguido que nadie los atienda. Que nadie los tome en serio. 
Solo cuando se ha hecho el bien, cuando se ha construído, entonces se consiguen los méritos, el prestigio y hasta la gloria. De hacer las cosas bien nace ese producto que se llama autoridad.  En nuestra ciudad el desorden se observa en la calle. Nadie toma en serio a la autoridad competente, los ciudadanos violan las normas medioambientales, los reglamentos de edificación y las leyes de tránsito.  La basura aparece por cualquier lado, el sistema de cloacas ha colapsado y nadie parece darse por enterado. Solo prima el discurso. Cuando la ciudad está amenazada por el desorden debe aparecer la autoridad con capacidad de mando y restablecer el orden. Si es que se lo puede hacer, si se tienen los medios. Mientras tanto, con el poder vacante y nadie ejerciendo la autoridad, es poco lo que se puede hacer, casi nada. Basta mirar a nuestro alrededor.

 
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