AÑO 18

NUMERO 619

Cultura

Año: 12

Número: 550

LA NOVELA MUNICIPAL: LA SUBLEVACIÓN DEL DOCTOR.

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He convocado a reunión de gabinete porque el doctor Elena me ha diagnosticado un forúnculo y pretende mandarme a terapia intensiva. Dijo la señora Intendenta con el gesto adusto y la mirada caliente.
- No mienta señora yo no he diagnosticado un carajo -dijo Elena entrando de prepo al recinto.
- ¡Cállese la boca atorrante!
- ¡No me callo nada, estoy podrido que me tome para la joda!
Gómez le gritó al médico: "callate guacho" y le tiró con una tarta que había quedado de la feria de las colectividades.   
- Vigilante -le dijo Elena y le tiró una patada.
La alcaldesa apaciguó las aguas y dijo que le dolía mucho que el doctor la haya tratado de mentirosa, que se sentía mal y que le traigan un vaso de agua. Dos Santos (todo de negro como el Zorro) corrió con una jarra de agua y un vaso. La señora tomó la jarra y la revoleó con agua y todo en dirección al doctor mientras le decía "yo te voy a dar a vos".
- ¡Andá a lavar los platos! - chilló el médico esquivando la jarra.
La Intendenta estaba colorada como un tomate. Miraba para todos lados buscando algo para tirarle a Elena. "Desagradecido de mierda" decía entre dientes mientras zapateaba ciega de rabia. El otro sonreía y hacía morisquetas dando a entender que no tenía miedo. "Ay, qué miedo que tengo" parecía decir el tipo.  La alcaldesa ya le había tirado sin mucha puntería con un repuesto del camión regador y un pedazo de caño del monumento al bicentenario.
- Usted Elena se ha convertido en un pelotudo. -dijo la señora.
- Jua, jua, jua -dijo el otro.
- Re boludo -retrucó la primera dama.
- Jua, jua. -dijo el matasanos.
- Recontra boludo.
- Jua.
La señora no aguantó más y loca de bronca gritó "¡Agarrenlón!" "¡Agarrenlón al atorrante de mierda!".  La órden de la comandanta general puso en movimiento a Dos Santos que (fuera de estado) intentó taclear a Elena.  El doctor saltó con elegancia y se colocó cerca de la puerta.  Gómez arriesgó una patadita con la intención de hacer caer al concejal, pero el fulano hizo una gambeta y zafó. Cuando puso la mano sobre la manija de la puerta el doctor sonreía con sorna. Entonces la señora enloqueció. Tomó una corta carrera y se arrojó sobre la humanidad del muchacho. Un segundo antes Elena podría haber escapado pero esta vez la suerte no lo ayudó.  Cuando el alud se le vino encima ya era tarde. La señora lo embocó a pleno y lo aplastó literalmente contra la puerta. Como una mosca. Después del ruido a huesos que se escuchó en todo el salón, se hizo un silencio sepulcral. La anatomía oficial cubría toda la puerta. El doctor no asomaba. Cuando entre todos despegaron a la señora, el médico, concejal y candidato 2015 asomó contra la puerta más angosto, más arrugado, aplastado sin contemplaciones. En su rostro se dibujaba la mueca de su última sonrisa. Jua, jua, jua.  
 
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