AÑO 18

NUMERO 61629

Política

Año: 1

Número: 4

Concejo Deliberante. Ironías y guapeadas

Se puede echar la falta envido con treinta y tres o sin nada. Cuando el Concejal Geese pide tratamiento de preferencia para el proyecto de ordenanza del bloque radical solicitando su exclusión del Cuerpo da la impresión que, en términos del truco, solo tiene las viejas (con todo respeto a sus camaradas de bloque). Todo está bien, parece decirle el Concejal Carrizo. Pero los democratas insisten en desafiar a la muerte y le dicen una y otra vez que "no estudia", que "se hace el gil" y otras lindezas. "Mirá flaco, echaste la falta envido sin nada, dejate de joder".  Lo que llama la atención es la enfermiza necesidad de tener que repetir una y otra vez que uno es bueno. "Soy bueno" parecen repetir histéricamente los demócratas, "soy bueno", el honor (¿honor?) parece haber quedado reducido a una cascarita insignificante. Nadie parece percatarse que declararse "bueno y honorable" no sirve, no alcanza. El honor se posee, traspasa los poros de la gente, a tal punto que forma una armadura infranqueable edificada en la acción y nunca en el bla, bla. Además Rubén Geese tiene una lista de cheques rebotados y una lista de bienes donados sospechosamente justo, justo, en el preciso momento en que iba a presentarse en convocatoria de acreedores. La maniobra es común, la hace la mayoría de los quebrados, es cierto. Pero es una maniobra. Es una agachada. Está mal. Entonces conviene quedarse en el molde, flaco, y si te vieron las cartas, es suicida echar la falta envido. De nada.  
 
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Vigilando, laborando y meditando todas las cosas prosperan.
Salustio, Caius Sallustius Crispus (85-35 a. C.)
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