AÑO 18

NUMERO 61629

Novela

Año: 11

Número: 531

LA NOVELA: LA SEÑORA BAILA EN EL SINDICATO DEL CUERO

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"¿Perdón, está usted seguro que la Intendenta está bailando, no será que le ha entrado un bicho por el escote?". El que preguntaba era uno de los montributistas que habían acompañado a la señora a los festejos de la lista ganadora en las elecciones del sindicato del cuero.

-La señora está bailando -respondió lacónicamente Gómez. El Tenedor de Libros bostezaba. No era de su gusto ese tipo de diversiones alocadas. Está bien que haya que acercarse al pueblo trabajador pero con un ratito basta, no es necesario tomarse un barril de cerveza para que el "compañero" Alzugaray, ganador de los comicios, se entere de que el Municipio le daba todo su apoyo.

- ¡Ya sabe compañero Alzugaray! ¡El Municipio le da todo su apoyo! ¡Menos plata cualquier cosa que necesite! - Esto gritaba la alcaldesa por encima del ruido sin parar de bailar. Los colores le habían subido peligrosamente. El rostro de la primera dama tomaba por momentos una tonalidad violeta.

- ¡Tenga, señora! -gritó Alzugaray mientras recibía dos balones de cerveza de mano de un gordo con una musculosa que no le alcanzaba a cubrir el ombigo-

Los muchachos del cuero había hecho un círculo, cada uno con un recipiente con cerveza en la mano, por momentos gritaban, por momentos saltaban, "¡Opa, Opa, Opa!", vociferaba un morochazo que se inclinaba peligrosamente sobre la señora.

- ¿Qué es lo que estamos bailando, compañero Alzugaray? -preguntó su majestad espichando un trago largo de cerveza.

- Es una cumbia, me parece.

- ¡Ay, qué loco, yo creía que se trataba de una tarantela!

A esta altura de los hechos, la primera dama, tenía el vestido "chingueado", se había cambiado los zapatos por unas zapatillas que traía de repuesto para cualquier emergencia y se apoyaba cada tanto en una silla que le arrimaba uno de sus acompañantes. Resollaba y sus cachetes se inflaban peligrosamente. Apoyada con las dos manos en el hombro del militante del PRO Vladimir Rofinot quien se había ofrecido gentilmente como sostén, la señora tomaba cerveza con un sorbete metido en una botella de coca cola cortada. Todavía con el sorbete entre los labios la Intendenta fue arrastrada de prepo hacia la pista donde los afiliados del cuero habían organizado un "trencito". La locomotora y los vagones, arriaron a la señora al galope para el lado de afuera del salón donde la fila desapareció a los gritos. Se escucharon unos cuetes. Tres o cuatro miembros de la junta directiva eructaron al coro y en la montonera algunos cayeron al suelo Al cabo de unos minutos el "trencito" volvió al salón, pero la señora no estaba.

- ¿Dónde está? -preguntó Gómez a su acompañante, el inspector monotributista.

- Debe estar afuera... -dijo el otro.

Gómez encaró la multitud que saltaba en el medio del salón tratando de saber que había pasado con su jefa.

- ¡Paren, paren, perdieron a la señora! ¿Dónde carajo está la señora?

- ¡No sé, estará en el baño! -dijo un negro de rulitos.

El tenedor de libros Alfonso Gómez y el inspector monotributista, a cargo de la seguridad de la Intendenta, salieron al patio y miraron con paciencia en el oscuro para ver si algún bulto se movía. Nada. Se abrió la puerta del baño y apareció el gordo Rofinot abrochándose la bragueta. Unos perros ladraron entre los yuyales. El gordo tampoco sabía nada de la primera dama y se agregó a la comitiva de búsqueda.

- Desapareció. -dijo el inspector.

- No puede ser, tiene que estar en algún lugar... -gritó Gómez bastante angustiado-

- Tranquilo, no se puede perder.

El Tenedor de Libros Alfonso Gómez caminó en la oscuridad achicando los ojos para ver mejor y en un recodo de su itinerario desesperado tropezó con algo blando. "Tropecé con algo blando" dijo el funcionario, inmóvil, helado, temiendo haberse encontrado con el lobizón o con alguna forma de vida extraterrestre. De los otros dos, el camarada Vladimir, el más corajudo, fue el que llegó primero. Prendieron un fósforo y fue entonces que vieron a su majestad profundamente dormida con la cabeza apoyada en una cubierta usada. De la garganta de la señora surgían unos ruidos guturales, extraños,indesriptibles pero propios de quién ha chupado y comido como una bestia. 

-¿Ronca? -preguntó Vladimir arrimando el fósforo.

- No sé si ronca pero que chifla, chifla bastante -agregó el inspector.

- Señores, debemos solucionar este problema antes que los miembros del sindicato del cuero descubran el accidente y piensen lo peor de nuestra jefa espiritual. - Gómez hizo la advertencia mientras miraba nerviosamente para todos lados. Adentro la música continuaba a todo trapo.

- ¡Tengo a solución! -dijo el gordo Rufinot mientras arrimaba una carretilla vieja.- siempre que podamos cargar a la señora en esta herramienta de trabajo entre los tres.

El trío se afirmó a la humanidad de la reina del salado en el siguiente orden: Gómez y el inspector tomaron los miembros inferiores de la mujer mientras que el camarada Vladimir agarró a la señora por los hommbros, amacaron, uno dos tres y a la carretilla. 

- ¡Qué hermoso pedo se agarró! -dijo el militante del PRO.

Habrán sido las dos de la mañana cuando, en la oscura noche del triunfo de la lista de Alzugaray, pudieron verse tres siluetas, dos menudas y una enorme, llevando una carretilla de la que colgaban dos piernas blancas y regordetas. 
 
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