AÑO 18

NUMERO 61629

Humor

Año: 1

Número: 15

¡En la novela aparece el movimiento neofascendinista!

La reunión neofascendinista
(Capítulo tres de la novela esperancina)
La noche era calurosa y según los dichos del Doctor Pichone los encapuchados que entraron por el portón de la calle Rvidavadia fueron seis. Aunque para el gallego Gonzalez -que vive enfrente- hayan sido más de diez.
-Los gallegos son un tanto exagerados -rumió Pichone, algo caliente por da duda impuesta a sus palabras-
La cosa es que, mas tarde se supo, que los asistentes a la reunión fundacional del movimiento neofascendinista (nombre instituido con singular acierto por el piquete liderado por "tito" Orellano) no fueron ni seis ni diez. Fueron exactamente siete.
-Se eligió el número siete porque es un número cabalístico -señaló la "negra" Griselda, anfitriona y única testigo a cara descubierta presente en el cónclave-.
"En cuanto a los asistentes, tres eran petisos y obesos, dos de ellos grandotes y morrudos y los restantes (por supuesto), eran el líder del movimiento y una dama de escaso metro cincuenta y pollera tableada. De cajón que las identidades solo se pueden adivinar pero no hay certeza ninguna que cada cual sea cada cual, ya que todos se encontraban rigurosamente encapuchados tipo mascarita, con capucha negra y dos agujeros chiquitos para poder ver." -Eso fue lo que dijo (sic sic) la reina madre, madre argentina y dueña de la casa calle Rivadavia-.
La reunión secreta se inició con un largo discurso del líder convocante solo interrumpido cuando el trapo que le cubría el rostro se le metía en la boca y le impedía hablar. Dicen que dijo -entre otras cosas- que entre los presentes se encontraba el futuro candidato a Intendente de la ciudad, palabras terribles que provocaron inquietud entre los encapuchados presentes, los cuales se miraron con nerviosismo girando las testas encapuchadas a uno y a otro lado.
-¡Entre ustedes está!
-¡Ooohhh! ¿Quién? ¿Quién gran maestro, quién...?
-¡No se los diré hasta que sea el día!
Un gallo cantó a lo lejos y dos o tres gatos parecieron llorar de pena muy cerca de allí. El gran senafacha se envolvió en la amplia capa negra que lo cubría, transpiró como un marrano y antes de mandarse al buche un balón de cerveza que le trajo su amada esposa alcanzó a decir.
-¡El elegido no es petiso!
Si hubiera estado presente el gran locutor Palolo, seguramente hubiese dicho que el silencio que se produjo fue "espan - toso". Por supuesto que los presentes que carecían de altura se dieron por ofendidos y amagaron con retirarse de inmediato.
-¿Inclusive la dama?
- Así es, la dama tampoco daba el pinet.
Informa Gonzalez -no muy confiable pero único testigo parlante- que los encapuchados ante tal revelación optaron por desenmascararse de inmediato y solicitar a la dueña de casa la apertura de una cerveza fría para recuperarse del excesivo calor reinante. Cosa que la reina negra hizo al toque y todo terminó con una chopeteada pampa. En cuanto a la identidad del posible intendente no se pudo saber ya que los grandotes solo abrieron un agujero en sus capuchas a fin de permitir la entrada del espumoso y reconfortante líquido.
-¡No es petiso! -volvió a gritar Macielito que era uno de los sopetis presentes y desairados- ¿Quién carajo será?
Pichone diría después que el líder del neofascendinismo le confió los sucesos que permitieron reconstruir la reunión fundacional del movimiento esperancino. El tordo después agregó que vio salir a uno que le dicen "quiquesky" al que le escuchó decir entre dientes:
-¡Qué le pasa a este con los petisos! ¿Y Napoleón que era...? ¿Era alto Napoleón?
(Continuará)
 
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