VECINOS UNIDOS POR EL AGUA: LA LIMOSNA DE BERTERO.
Llama la atención el despliegue que se observa alrededor del supuesto resarcimiento económico a vecinos del sur que fueran víctimas de los fenómenos meteorológicos de hace unos años, ahora (los desatendidos ciudadanos) están en manos del "honorable" Concejo Municipal. Y llama la atención la euforia, porque suponiendo que se apruebe el 5% de la recaudación como monto de reparación, le correspondería a cada vecino algo así como 50$ por mes. ¿Por qué tanto triunfalismo?. Acaso se puede considerar como una victoria para aquellos que perdieron lo que perdieron que se les reconozca un monto que apenas supera la entidad de una limosna.
Tal vez la filosofía de los ciudadanos afectados por el fenómeno sea, después de tantas peripecias, conseguir lo que se pueda, terminar de una vez por todas con el asunto y a otra cosa. Los funcionarios insensibles, obtusos, siempre con las orejas cerradas aplauden, aplauden porque finalmente ganaron ellos y no los vecinos. El cansancio de los demandantes hizo que un reclamo justo se pagara con una dádiva. Menos para ellos más para nosotros!! -pensará Bertero emulando al profesor Neurus-
Lo triste es que "la cosa" (porque esto no tiene nombre) no termina ahí. Este gobierno de la señora Meiners y el Tesorero miedoso (y pijotero) seguro no estarán dispuestos a otorgar la "limosna" sin cobrar su precio. Los vecinos para acceder a los cincuenta pesos mensuales tendrán (póngale la firma) que someterse a la inspección de sus viviendas para satisfacer la morbosidad desconfiada de los funcionarios. No confiarán en la veracidad de las carpetas presentadas. No pagarán a todos porque no confían en nadie, van a mirar que hay en el ropero, verificarán los daños. Ya lo hacen en su política de promoción social echando a la gente que no tiene nada.
La violación de la intimidad es parte de lo que hay que conceder para obtener la "dádiva" del tesorero. Además de la cola que tendrán que hacer los inundados frente a la ventanilla del Municipio. En la Alemania del Führer, la policía política avasallaba los domicilios y miraba bajo las camas, pero se soportaba el escarnio porque con prudencia y recato se conservaba la vida. En este caso que nos ocupa, dejando irrumpir en las viviendas ya atropelladas por el agua a los burócratas municipales, no se salva el honor ni los daños producidos porque cincuenta pesos no alcanzan ni para pagar la cuota de un colchón mojado. ¿Entonces, para qué?
Rechazar la limosna significa evitar exponerse todos los meses a la vergüenza de hacer la fila frente a la ventanilla de Bertero. Recordemos a los indigentes que en los años 60 se presentaban con un tarrito de 5 litros a buscar un poco de comida en el Colegio San José porque había que pasar el invierno. Hoy, los vecinos del sur, por un pobre motivo, quedan sometidos a esta humillación y son usados para castigar a toda la ciudad con un "impuestazo" cuyos beneficios irán a parar a cualquier bolsillo menos al que corresponde. Que no crea el ciudadano esperancino que su sacrificio responde a un acto solidario para paliar la pérdida de los castigados por el fenómeno meteorológico. No. A los vecinos del sur le darán solo monedas que alcanzarán apenas para cubrir las tenebrosas conciencias y los descompuestos espíritus de los funcionarios de la señora alcaldesa.