AÑO 18

NUMERO 629

Opinión

Año: 3

Número: 152

"¿Quién no se emborrachó alguna vez en la vida...?"

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Esta frase que en un arranque de sinceridad se le escapó a la señora Intendenta en un programa de televisión, puede tener variadas consecuencias, depende quién la diga y  en que lugar la diga. Claro, no es lo mismo esa frase saliendo de la garganta de un parroquiano que apura una caña con ruda en el boliche de Lorenzón,  que en boca del piloto de un avión a 10.000 metros de altura.

Es cierto que cualquiera se puede emborrachar, también es cierto que unos se emborrachan más que otros, pero no es común que los Intendentes reconozcan eso.  Cuando el General Galtieri aparecía con la nariz colorada la gente se imaginaba que el tipo estaba en curda.  Y hubiese sido hasta gracioso que lo esté, el problema es que el tipo era General del Ejército y encima Presidente. A nadie le gusta que el que manda no esté en condiciones ni siquiera de hacer el cuatro.

La sinceridad es buena, nadie lo va a negar.  Pero es necesario emplearla  con sabiduría. Un cirujano en la sala de operaciones no sería oportuno que diga a viva voz que "cualquiera se puede emborrachar".  Muchas veces lo que uno dice con buenas intenciones se transforma en motivo de inquietud para otros.  Es peligroso que la gente empiece a pensar lo que se supone que está pensando.  Afecta la credibilidad.

La política a veces responde a la ley de la gravedad. Si nada te sostiene te venís al suelo.  Los pocos hilos (de coser) que sostienen a la señora alcaldesa están siendo cortados uno por uno por la misma señora alcaldesa.  "Cosa que funciona no hay que tocarla", dicen las leyes del sentido común.  Parece mentira pero allí, justamente donde las cosas funcionan van los funcionarios de este gobierno a meter la cuchara, como si tuviesen una profunda vocación por poner el dedo en el ventilador. 

La fiesta del estudiante funcionaba y ahí se fueron a meter. Dividieron a los chicos, provocaron incidentes con los propietarios de las casas de Villa Roda y la cosa no pasó a mayores porque Dios no quiso. Cambiaron un escenario controlado por otro sin control. ¿Por qué? ¿Tienen vocación suicida? Cortan los hilos que los sostienen con una regularidad casi religiosa. Vecinos del sur, instituciones, estudiantes, concejales, árabes, automovilistas, motociclistas, nadie escapa a la guadaña de la señora. El último hilo que la sostiene parece ser la paciencia infinita de la gente de estos pagos cuando ese sostén desaparezca se tendrá que volver a su casa. En su casa podrá entonces pelearse con quién quiera y decir lo que quiera, también aquello de que "todos se emborracharon alguna vez en la vida".
 
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