AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 2

Número: 128

El ratón de Valais tiene información sobre las andanzas de nuestros muchachos en CHINA.

El ratón de Valais.
HOY:  QUEBRACHO.

En un rincón de la China milenaria y en una comarca que podría llamarse tranquilamente Chan chi tuang, nuestra misión comercial esta entrando a paso de murga en los misteriosos salones de un palacio donde (srgún parece) los aguarda un Gobernador, Director General o Emperador para hacer negocios.
-Honorable señor -anuncia todo ceremonioso un chino que las va de vocero y traductor- ha llegado la delegación de la ciudad de Esperanza, una ciudad que se encuentra en los confines del mundo occidental, a orillas de un río Salado y que según se sabe es la primera colonia agrícola de un país llamado Argentina.
-¿Argentina? -se preguntó el emperador- ¿Argentina? ¿Existe un país llamado Argentina?
-Maradona, Señor... - susurró el vocero al oído del gran jefe-
-¡Ah, si señores! ¡Ar-gen-tina! ¡Ar-gen-tina! ¡Jua jua jua! ¡Claro Argentina...!
Realizadas las presentaciones nuestros muchachos se adelantaron tímidamente en la amplísima sala. A la cabeza del grupo iba el máximo Califa de suiza de las pampas, Caponino el Grande.
-¿Y que es lo que pretendéis? -preguntó el Chino desde el trono mientras pelaba una banana-
-¡Oh, nada del otro mundo gran señor! -retrucó el que hacía de traductor- solo pasaban por acá y quisieron dejarle sus saludos y algunos presentes.
-¿Regalos de occidente? ¡Adelante! -El gobernador abrió los ojitos tanto como se lo permitió su naturaleza-

Nuestros representantes,  descendientes directos de los primeros suizos del Cantón de Valais, aquellos heroicos pioneros del suelo, aquellos abuelos del tiempo feliz, se avanzaron con decidida actitud, más, cuando ya estaban sacando pecho y dispuestos a hablar con el Gran Capo Oriental, fueron invitados a sacarse los zapatos por dos chinos grandotes que los estaban apantallando con dos enormes hojas de poto. ´Siempre hay alguno que te pincha el globo¨ -pensó Caponino- 
- Pueden depositar las ofrendas.... -indicó un chino petiso y bigotudo mientras le hacía la seña del as de espadas a la delegación gringa-

De inmediato, Caponino y compañía fueron dejando al pie del trono las susodichas ofrendas, las cuales  consistían en productos de la zona a saber, o sea: un frasco de pickles, una botella de chimichurri marca ¨Titi¨, un video de Casamata, un pote de dulce de leche, un frasco con chucrut ¨El repollín de Pedro¨,  un jarro de buseka ¨Quico¨, un poste marca ¨toto¨, un album de fotos del senafacha en Felicia, Sarmiento y Elisa y, finalmente, una poesía de León Arde. 

Acto seguido a reverencia limpia, el Gran Gobernador de Chan chi tuang se entera de los detalles de los productos ofrecidos, prueba una cucharada de buseka y luego un poco de chucrut. El chino parece palidecer pero se recompone y pregunta. 
-¿Qué vender señores?
- Alimentos señor.
-¡Ah, asado! ¡Nosotros querer asado! ¿Qué más vender?
- Una gran cantidad de exquisiteces señor -dijo sonriendo el secretario Guala-, verá usted que sus dólares o euros tendrán un magnífico destino...
-¿Dólares? ¡Qué dólares, no dólares, euros menos,  nosotros hacer trueque!

Uno de los chinos presentes se puso a explicar a los esperancinos (que estaban a punto de llorar) por qué el medio de pago de la excelsa comarca de Chan Chi tuang eran las lapiceras, los encendedores y los ositos de peluche. Y que no se trataba de cualquier lapicera -explicaba el chinito- que eran lapiceras que sirvían como soporte para brochete, ruleros y como tenedores de postre.
-¡Solo poder pagar con trueque! -la voz del Gobernador retumbó en la sala- ¿Querer o no querer?
Los integrantes de la misión comercial se miraron con cierta decepción. ¿Lapiceras? ¿ruleros? No era lo que esperaban pero, cuando parecía escaparse la posibilidad de concretar un negocio al otro lado del mundo, alguien habló y dijo.
-¡Yo acepto! ¡Yo me banco el trueque carajo! -uno de los empresarios se había adelantado sacando pecho-
-¡Ah muy bien! -dijo el Chino refregándose las manos- Y que vender tu, si se puede saber... ¿asado?
-No gran señor, yo vendo postes de quebracho...
-¿Y aceptas el trueque por lapiceras chinas...?
-Si señor.
-¿Y qué puedo hacer yo con un poste de quebracho? -gritó el Chino-

Se hizo un profundo silencio. Un silencio de tumba. Y en medio de tanto silencio, sin embargo, se podría jurar que se escuchó la voz fantasmal del gran poetiso Rubén León Arde diciendo: ¨En un bosque de la China, con bastante disimulo, alguien me dejó este palo, que está buscando... ¨.  En este preciso instante, según dicen que dijo nuestro corresponsal en China se cortó la comunicación. Saludos al japonés Taroto fue lo último que se escuchó.

 
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