AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 2

Número: 126

El ratón de Valais y la fiesta del moncholo

EL RATON DE VALAIS
HOY: Así hablaba Zaratustra.

Nuestro ratón de Valais, preocupado (preocupadísmo) por el torrente de festicholas que propone la ciudad de los esperantos y viendo que vio que lejos de terminar las mismas, se avecinan más y más fiestas. Temeroso el roedor, de que una comarca tan católica, vaya a caer en costumbres solo comparables con las que se estilaban en tiempos del imperio romano (y de los lupanares del sur), con orgías, esclavos, beduinos y todo los excesos que uno se pueda imaginar, es que decidió consultar al Honorable Consejo de Ancianos con sede en los altos del viejo edificio de la nunca olvidada farmacia Bertotti, casa histórica por demás, en cuyo altillo y mirador tiene su cueva Bartolomé Zaratustra, ratón geronte y sabio, de pelo blanco, melena y barba, socrático ratón que saca dudas existenciales a troche moche a los miembros de su cofradía, cada vez que es necesario y puede. Y allí fue que se presentó el ratón de Valais, bicho que habiendo sido recibido por el susodicho ratón viejo al que llaman Zaratustra preguntole para que le responda y lo aconseje.
-Gran ratón de ratones, maestro de los maestros, sagrado Zaratustra, –así se dirigió al anciano el rarón de Valais- he venido para que usted, sabio rey de roedores me despeje la niebla de la duda que me corroe, martiriza y angustia....
-¡Que carajo querés! ¡Finíshela con la chupada de medias y vayamos al grano! –dijo el que se hacía llamar Zaratustra mientras escupía un carozo de aceituna-
-Señor, esta ciudad, propone a cada rato fiestas y más fiestas, ayer la fiesta de la colonia, después la de la Mujer, de pronto el taca taca de los corsos, la orgía gastronómica de las colectividades, la madera, el automóvil antiguo y...
-¡Y qué! ¡Y qué! –saltó el anciano roedor- ¡Qué más queréis! ¡Palos porque bogas y palos porque no bogas! ¡Qué más desean los seres inferiores! ¡Pan, corso, siesta y ravioles! ¡El paraíso de los ratones...!
-Pero, señor, es que siempre hay un motivo para sacar la matraca ...
-¿Y qué es lo que quieres que haga yo, desgraciado? ¿Para eso has subido a la torre? ¿Para quejarte de lo que nadie se queja? ¿Para pedirme que declare la guerra al jolgorio?
-No, gran Lama, nada de eso, he venido a consultarlo a usted que es el tercer ojo de los roedores, a vuestra merced, al Gran Ratón sabio, amo y señor, para solicitar permiso y bendición para concurrir a la Fiesta del Moncholo...
-¿Quéé? ¿Otra fiesta? ¿Utilizan el nombre del noble escualo bigotudo para emborracharse de nuevo...? ¡Quieren copiar a Sodoma y Gomorra!
-Así es señor.

Habiéndose enterado el filósofo Bartolomé Zaratustra de la inminente realización de la llamada fiesta del Moncholo, y viendo como vio que los naturales del lugar, que se hacen llamar esperantos, continúan haciendo gala de una imaginación sin límite con tal de lanzarse sin freno a los vicios fiesteros, es que decidió, el gran sabio, el Dalai Lama de la Plaza, hablar ex cátedra para que sea registrado en los anales (con perdón de la palabra) de la historia oral de la colonia. Y así fue que el viejo ratón con cueva en los altos de la casona centenaria de Belgrano y Lehmann habló y dijo:
-¨ Esta ciudad es un queso. El domingo los pescadores estirarán con la palma de la mano los peces una y otra vez para lograr la medida reglamentaria. ¿Se puede hacer algo para evitarlo? La respuesta es No. ¨ Sentenciado que hubo el sabio con esos conceptos luego remató lo dicho con estos misteriosos versos:
¨ Porque el pescador local
hizo de la pesca un mito
cuando estira algún moncholo
piensa que se estira el pito¨
 
-El que quiera oír que oiga. –Pontificó levantando el hocico el ratón blanco. Y sin decir moncholo va, moncholo viene, se mandó a guardar-
 
Y así fue que habló Bartolomé Zaratustra. De inmediato, el filósofo roedor, de larga cabellera blanca y barba centenaria que mora en los altos de la casona de Belgrano, se llamó a silencio y no hubo queso que lo hiciera hablar. Acto seguido y viendo la escasa pelota que le brindaba el otro, el ratón de Valais visitante que había quedado de seña, pensó que sería bueno, previo beso en la frente del anciano, rajarse a su cueva de la calle San Martín frente a la Unidad Regional y reflexionar sobre los sesudos conceptos escuchados, dormir la siesta y afilar los dientes para lastrar como loco en la fiesta del pescado. ¨Todo tiene que ver con Freud –pensó el bicho de Valais- quién diría que hasta el moncholo es un símbolo sexual.¨. Enseguida se tapó hasta las orejas y se durmió.

 
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