AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 2

Número: 126

El ratón de Valais estuvo en la fiesta de las colectividades...

EL RATON DE VALAIS
Edgardo Ferrero (el mickey del barrio)
HOY: La fiesta de la colectividades.

- Deberías pensar seriamente en rezar para que no llueva querido Cristian -susurró una dulce seora al oído del rubio funcionario de cultura.-
-¡Pero mamá, por  San Meinet y todos los santos del cielo! ¡Vengo rezando desde el amanecer! -gesticuló el gran Secretario con una bandeja de Strudel en la mano derecha- ¡Hasta el Rotarac qué es arisco al catecismo ha dado inicio a una cadena de oración y no hay caso!
-No importa hijo mío, lo último que se pierde es la esperanza, tengamos fe... -dijo la rubia progenitora mientras abría un enorme paraguas-

El ratón -que se hace llamar de Valais-, presente para bien o para mal, dicen que dijo que fue testigo de este y otros entreveros previos al traslado de la Gran Fiesta de las colectividades a los dominios del escuadrón de anfibios CICAE-SUM con asiento al costado de la ruta 70, destino obligado de las fiestas del reino que resultaron, resultan y resultarán, pasadas por agua.  Una vez que se hubo instalado el roedor en su escondite, a la derecha del quiosco Sirio, lugar recomendado y en compañía de elegante rata blanca de su simpatía, dicen que de inmediato comenzó a masticar un cacho de un irresistible lomo al spiedo mientras asentaba los bigotes para darle sin asco al anís turco-
-¡Señores! -gritaba un elegante locutor, saco negro, camisa anaranjada con cuello gigante y maquillado con talco- ¡Señores! ¡Estos son los semilleros de las colectividades! -El morocho tenía agarrado del cuello a un chiquilín vestido a la manera valesana y lo ofrecía a los presentes- ¡Estos niños, son pichones de suizos, de alemanes, de checos, de...!
-¡Eso es lo que tenemos que fomentar! -susurró el Senador a su señora- ¡La gestación de pìchones de radicales, querida, para que este proceso que hemos iniciado en el 83 no se corte jamás...!

Mientras tanto el ratón y su pareja se habían corrido con discretos movimientos hasta el bunker alemán donde se paseaban seres voluminosos cuidadosamente ataviados con los trajes típicos y se lucía el honorable Presidente del club, con cintitas de colores y apellido tano.
 
-¡Señores...! ¡Señores! -Ahora llamaban desde el escenario-
-¡Señores por favor hagan silencio que debo informar algo importante...! ¡Señores, damas presentes, ha fenecido...! -Decía el canoso de rulitos a la manera de un aviso fúnebre-
-¿Qué dice el Locutor oficial? ¿Quién ha dejado de existir? -Preguntó el ratón afinando la oreja para escuchar la voz del que se hacía llamar Nincho-
-¡Señores por favor silencio, ha fenecido...! -Repitió ceremonioso el locutor tordillo- ¡Lamentablemente, señores, debemos informar a los presentes que hace unos minutos acaba de fenecer el último barril de 50 litros en el kiosco germano, y nos vemos en la obligación de rogarles paciencia por unos minutos hasta que el difunto sea debidamente reemplazado...!
Una musiquita tirolesa oficiaba como fondo al ejercicio de la masticación. ¨Habrán observado que nuestros vecinos mastican en forma constante y hasta rítmica¨ - Escuchó decir el ratón a uno de los músicos de la Zillertal Orchester, mientras luchaba, el hombre, tratando de acomodarse las medias tres cuartas, el pantalón corto y el gorro verde con flores amarillas.
-¨No es fácil vivir en la montaña¨  -pensó el ratón al tiempo que masticaba un pedacito de Selva Negra-

Cuando un gordo con un recipiente de plástico lleno de cerveza en una mano y un choripán en la otra preguntó si  la musiquita del Tirol pararía alguna vez, la susodicha música paró. El murmullo del morfi pareció adueñarse del ambiente. Los comensales, sin embargo, no acusaron recibo y siguieron, dale que dale, hipnotizados por las patas flambeadas,  el tiramizú y los bollitos de ricota.
-¡Los árabes, los árabes....! -exclamó de pronto el locutor de negro y naranja- ¡Los sirio libaneses con sus hermosas mujeres, su movimientos ondulantes, el desierto, los camellos y ...! -Acá el ratón se disculpa porque el tal ¨Pipi¨, locutor fiestero, parece que dijo unas cuantas cosas más de los árabes, expresiones que el roedor no quiso retener. Pero sí dijo que vio clarito como ocho odaliscas y cuatro Bere Bere aparecieron de pronto en el escenario provocando una ovación por parte de sus compatriotas los cuales que soltaron los quepes y el anís turco para aplaudir con entusiasmo-

¨Esto es un éxito¨ -Dicen que dijo a eso de las dos de la mañana al ratón con ancestros en el Cantón de Valais- ¨Tanta angustia, tanto esfínter apretado... ¿Para que...? ¨Total -seguía filosofando el bicho- hoy estamos y mañana no estamos ¿no es cierto?¨ -a esta altura de la orgía nos vemos en la obligación de confesar que nuestro amigo, el ratón de Valais, había perdido un notable porcentaje de conciencia y mucho de equilibrio por culpa del anís turco y otros líquidos espirituosos-
-¡Señores! ¡Señores hace unos minutos, se ha producido el deceso de otro barril de 50!

Cuando el canoso locutor comunicó esta última necrológica, el ratón de Valais ya se había dormido en brazos de su blanca ratita amiga la cual, mujer al fin, había tomado la precaución de arrastrarlo hasta una canaleta que haría las veces de lecho amoroso y refugio seguro. ¨Todo sea por el semillero¨ dicen que fue lo último que dijo la hermosa dama blanca. Mientras tanto la musiquita tirolesa continuaba, interminable, en la noche.

 
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