AÑO 13

NUMERO 615

Actualidad

Año: 13

Número: 612

LA SEÑORA Y LOS INTENDENTES SUSTITUTOS

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LA SEÑORA Y LOS INTENDENTES SUSTITUTOS
Santesso, Albarracín y Gómez, inauguraron el misterioso papel de Intendentes sustitutos. No hay duda que en el inicio de la gestión Meiners, siendo la señora la primera sorprendida de la decisión del electorado, se apoyó de inmediato en Alberto Santesso, quién tuvo una corta pero influyente participación en el entonces flamante gobierno municipal.
Lo que vino después fue mucho más serio cuando la puerta dio paso a Gabriel Albarracín. El crecimiento político del abogado Albarracín marcó a fuego los años siguientes. Albarracín fue prácticamente un jefe de gabinete de hecho, primero, y un Intendente en las sombras después. Fue la época de mayor tensión con la oposición radical. Recordemos que algo inédito ocurrió por ese tiempo, como la suspensión del pago de dietas a los concejales.

En la actualidad, a nadie escapa que el contador Alfonso Gómez es el dueño del rancho en la Municipalidad de Esperanza. La impronta de Gómez se impone en todos los movimientos de la alcaldesa quien, directamente, ha delegado hasta el más mínimo trajín en su Secretario de Gobierno.

Ese “estilo” de gobierno indirecto,  ha caracterizado durante una década al ejecutivo peronista local. Este hecho curioso y hasta original (puesto que es la primera vez que sucede en la ciudad) puede responder a motivos diversos. Suponemos que la falta de conocimiento es uno de ellos, el temor a cometer errores irreparables, el sentirse superado por los acontecimientos, la falta de voluntad para responder a los múltiples requerimientos que exige el puesto de Intendente, pueden ser, suponemos, algunos de los móviles que justificarían la actitud delegatoria de la señora alcaldesa.  
Este hecho tan inédito en la política local ha provocado algunas consecuencias notables en todas sus etapas. Cada uno de los “sustitutos” tarde o temprano impone su estilo, su forma de llevar las cosas, agregado a que la responsabilidad directa por las metidas de pata se anula, ya que cualquier precio político cae indefectiblemente en la testa de la principal responsable. Lo grave es que siempre se termina por trocar un jefe por otro. Santesso no alcanzó a desplegar totalmente sus peculiaridades pero igual fue influyente. Albarracín, en cambio, pudo desarrollar toda su inspiración personal hasta conseguir por momentos borrar totalmente a la señora. El abogado creció tanto políticamente que llegó a competir con la Intendenta electa y lograr que la primera dama se avive. Albarracín siguió su ascenso hasta que ocurrió lo que tenía que ocurrir, chocó con el saldo de orgullo que subsistía en Meiners. El choque devolvió a Albarracín al llano y todo quedó congelado hasta que llegó el reemplazo del abogado.

La llegada de Gómez, un tapado que tuvo la paciencia de remar desde abajo, volvió a poner en valor el estilo del “ladero” en la administración Meiners. Empleado de contaduría, después Secretario de Hacienda y ahora en Gobierno, Gómez deslumbró a la señora con elocuencia profesional, planillas llenas de números (que la alcaldesa observaba admirada pero que era chino para ella) y cierta discreción con los furcios de entre casa de la primera dama. En realidad siempre caemos en lo mismo, los motivos principales del “empoderamiento” del contador es, ni más ni menos, que la aversión de la señora por el trabajo burocrático y, en general, por todo el trabajo que abruma a los Intendentes y a ella más que nadie (“eso lo hacen los técnicos”, repite Meiners).

Lo que daría cierto sentido a esta nota (si es que lo tiene) es la curiosa irrupción en la historia del Municipio local de esta forma de gobernar. Forma que podríamos identificar como “poder delegado”, “gobierno de laderos”, o, como se dice más arriba, “gobierno con intendentes sustitutos”. No se dice de ninguna manera que este uso o práctica sea dañina o gravosa para los contribuyentes, pero ojo, que tampoco se dice que no pueda provocar un cataclismo en el futuro, porque es posible, dado el cómodo papel del “ladero”, que éste se anime a tomar determinaciones cada vez más atinadas, puesto que, sabe, que la responsabilidad de sus faltas caerá sobre la cabeza de su decorativa jefa electa.  

De hecho ya hemos experimentado, en lomo propio, los resultados de estas amenazas posibles. Muchas medidas tomadas por Gómez, últimamente, fueron directo a perjudicar el bolsillo de los vecinos. Sin anestesia y sin temor a perjuicio político alguno. Gómez sabe, como lo sabían Santesso y Albarracín, que se puede disfrutar mucho más el sensualismo del poder, siempre y cuando las consecuencias de las metidas de pata las pague otro.      
 
 

 
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