AÑO 18

NUMERO 617

Actualidad

Año: 13

Número: 602

¡IMPERDIBLE EL NOVELÓN MUNICIPAL!
HOY: La Intendenta, las palomas y los "sánguches"

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“Con este asunto de la remodelación del frente estamos al horno”, dijo el palomo mientras miraba de reojo un trocito de manzana sobre el escritorio de la alcaldesa.
Dos palomitas, una blanca y otra azul oscuro miraban de lejos, asentadas sobre la baranda del primer piso del palacio municipal.
“Este buchón es el que anda bien con Gómez”, dijo la palomita azul.
“Siempre le da miguitas de pan”, dijo la otra.
Se abrió de pronto el portal del despacho de la alcaldesa de inmediato ingresó al mismo, a paso de murga, la primera dama seguida por dos inspectores cada uno con una rama al hombro. “Con este asunto de las ramas tengo a todo el mundo involucrado, estos cosos, me quieren dorar la píldora con la ramita al hombro, pero ya me avivé que me están chupando la media”, pensó la Intendenta.
La señora se sentó en su sillón y ordenó un “sánguche” de milanesa con un huevo a caballo. Los inspectores dejaron la rama en un rincón y le dijeron a la secretaria que traiga un triple para cada uno.
“Estamos de suerte, estos fulanos van a desparramar migas a rolete”, ronroneó el palomo desde la baranda.
“Con tal que este muerto de hambre deje algo para nosotras”, dijo la palomita blanca.
“Procuremos no llamar la atención”, dijo la paloma azul.
“Ojo que el palomo está ensuciando toda la baranda”, dijo la palomita blanca.
La señora Intendenta miró con displicencia el proyecto de obras en el micro centro de la ciudad que tenía sobre la mesa, lo tiró en uno de los cestos, pidió un fósforo y lo quemó. La primera dama y los dos inspectores se quedaron mirando las llamas ensimismados durante unos segundos. Después la Intendenta pidió una foto de Andrea Martinez y la arrojó al fuego.
Cuando llegaron los “sánguches”, la señora preguntó por los triples, cuando le dijeron que eran para los inspectores, los devolvió.
“Quiere comer ella sola”, dijo la palomita azul.
“Todos los políticos son iguales”, dijo la palomita blanca.
Con la boca llena y un pedazo de huevo en la comisura, la Intendenta se percató de la presencia de las palomas y dijo: “No puedo comer mientras estos bichos me cagan toda la baranda” y cerró la ventana.
Por el vidrio se pudo ver como los inspectores, con ojos saltones, miraban a la señora morfando con desesperada vehemencia el especial de milanesa con el huevo, la lechuga, el tomate y toda la parafernalia. 
 

 
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