AÑO 18

NUMERO 617

Novela

Año: 13

Número: 599

ULTIMO MOMENTO: ¡Volvió la Novela Municipal! 

HOY: La señora se engrana. 

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Señora -dijo el periodista Alexis Bonette- ¿puede decirme por qué no se está haciendo nada en la ciudad?

La señora Intendenta se agachó como si buscara algo debajo de la mesa y cuando apareció lo hizo con una chancleta en la mano, la cual arrojó de inmediato en dirección del inquisidor, con tan extraña puntería que el proyectil fue a dar contra la Secretaria de Cultura que se encontraba a sus espaldas. "Epa" dijo la funcionaria al tiempo que esquivaba la chancleta.

-Oiga, Bonette -dijo la señora- que sea la última vez que me falta el respeto.

El salón blanco Municipal estaba iluminado a pleno. La conferencia de prensa se había iniciado con la pregunta en cuestión y la alcaldesa, recompuesta luego del incidente, observaba con mirada desafiante a los periodistas.

-Señora Intendenta -dijo otro masticando chicle- ¿Cuántos lomos de burro restan por hacer?

La primera dama amagó con agacharse de nuevo pero el Tenedor de Libros Gómez la tocó en el hombro y desistió de su acción.

-El burro es usted, señor. 

-¿Por qué? -dijo el otro.

- ¡Por qué, qué..!

-¿Por qué me dice burro? ¿Está loca?

-¡Más loca será tu madre! -gritó la señora. 

El ambiente se calentaba sin remedio y los asistentes murmuraban, mientras algunos funcionarios analizaban suspender la conferencia de prensa. "No se puede pretender que le pregunten lo que ella quiere",  susurró el asesor en autos antiguos Gucho Alvarez mientras dejaba la chancleta de la Intendenta sobre el escritorio.

-¿Qué hace con la plata de la gente, señora? -preguntó una chica que venía no se sabe a nombre de quién.

- Me la gasto. -Dijo caliente la alcaldesa.

-¿Cómo se la gasta, en qué se la gasta?

- ¡Me la gasto en lo que se me canta! ¡Si quiero tirar la guita la tiro, pendeja de mierda!

- ¡Ay! -dijo la chica- ¡Qué mujer ordinaria!

-¡Más ordinaria será tu abuela, guacha! -gritó la señora y voló la chancleta que estaba sobre el escritorio. 

El responsable de prensa, de apellido Dos Santos, se arrimó sigilosamente a la pared y apagó la luz. La oscuridad provocó un escándalo con gritos, ruidos de sillas, puteadas y sonidos no identificables. Un grito desgarrador que venía desde el auditorio hizo que uno de los presentes prendiera la luz. Iluminado el salón se pudo ver a la reina del Salado sobre la mesa descalza y con el vestido negro levantado en la retaguardia. Una chica rubia, empleada del Municipio, le agarraba el tobillo, para evitar que se caiga. Gómez estiraba los brazos como queriendo ayudarla a bajar. La señora estaba descontrolada y pedía a gritos que le alcancen la jarra de agua para arrojarla sobre los periodistas. 

-¡Rajen de acá, rajen de acá! -gritaba la señora. 

-¡Devolvé la bolsa! -gritó Bonette desde la puerta. 

Las amenazas se multiplicaron en medio de un griterío loco. Entre cuatro ayudaron a la señora a bajar de la mesa (a la cual aún no se sabe como subió). Dejaron a la Intendenta en el piso con tanta mala suerte que no pudieron evitar que saliera corriendo en dirección a las escaleras con clara intención persecutoria, gritando y escupiendo rabia con la ropa y el pelo visiblemente desarreglado. 

-Está loca, se va a caer -dijo Gómez mirando por el balcón esperando ver perseguidor y perseguidos en la vereda.

-Al final no hablamos de lo que queríamos hablar -dijo la secretaria de Hacienda.

-¿Y de qué vinimos hablar? -dijo Dos Santos.

- Que se yo, de la planta elevadora -dijo la secretaria. 

-¡Miren, miren! -gritó Gómez señalando hacia abajo desde el balcón. 

Todos corrieron para ver. Abajo. Sobre la vereda, desparramada, despatarrada, boca abajo, descalza, se podía ver la humanidad de la señora Intendenta rodeada por algunos curiosos. 


Los de arriba se miraron. Después observaron como un fotógrafo de "El Colono" sacaba fotos de la escena. La Intendenta no se movía. Nadie sabía que hacer. "No va a ser fácil darla vuelta", dijo Dos Santos. Entonces Gomez llamó a los bomberos.

 
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