AÑO 18

NUMERO 617

Novela

Año: 12

Número: 563

LA NOVELA MUNICIPAL. HOY: LOS ANCESTROS DE LA INTENDENTA.

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"Los Meiners llegaron a la colonia Esperanza mucho antes de lo que ustedes se imaginan"-dijo la señora con melancolía mirando por los ventanales del Municipio.

- ¿No llegaron con Aarón Castellanos? -preguntó Gómez portador de un apellido más criollo que la alpargata.
- Los Meiners llegaron con algunos desertados de la expedición de Sebastián Caboto. Un grupo de hombres que buscaban "el dorado" por su cuenta.  Uno de mis ancestros venía con ellos y, según dicen, fue abandonado en lo que hoy se conoce como Villa Roda castigado por haberse comido todas las raciones de la tripulación y tomado varias botellas de vino que Caboto guardaba para conquistar a los indios.

La señora se secó una lágrima furtiva con una copia del plano del plan regulador. Miró a su secretario con cierta ternura y dijo con tristeza:
- Mi abuelo fue abandonado desnudo en la playa a merced de los indios.
- Pobre. ¿Y cómo se las arregló?
- Al principio los indios lo usaron como esclavo. Lo ataron del cuello y lo obligaron a barrer el patio con una hoja de palmera. Pasado un tiempo, mi abuelo, aprendió la lengua de los salvajes y años más tarde cuando Juan de Garay llegó a estas tierras trabajó como traductor.
- Entonces es verdad que los Meiners llegaron con una mano atrás y otra adelante.
- Es cierto -dijo la señora-
- Usted debe estar orgullosa porque finalmente superaron todas las dificultades. -dijo Gómez
- Hoy podemos decir que hemos superado todos los problemas, pero no fue fácil, costó bastante. Mi abuelo se había acostumbrado tanto a andar desnudo que cuando llegaron los españoles se resistió a usar cualquier tipo de vestido.
- ¿Nada, ni siquiera un taparrabos, una hoja de parra?
- Nada. Al principio lo dejaron porque era el único traductor que tenían pero después lo convencieron y le pintaron un chiripá por respeto a las señoras.
- igual, seguía desnudo.
- Hay que ponerse en el lugar, era un trauma difícil de sobrellevar, tantos años, pobre. Esa fue por muchos años la maldición de los Meiners, que ha llegado hasta nuestros días, de tanto en tanto aparece alguno de mis parientes desnudándose por ahí.
- ¡Qué barbaridad! Lo que no me dijo es como rescataron a su abuelo de los indios.
- Lo cambiaron por dos caballos.
- Pensar que si no hubiera sido por esos dos caballos usted no estaría donde está.

La Intendenta no dijo nada. "Lo que es el destino, pensó, si mi abuelo no se hubiera fagocitado las raciones de la tripulación de Caboto, si no fuera por los caballos aquellos y los que me votaron yo no estaría donde estoy...".  

- La historia ha sido generosa con nosotros -dijo la señora- averigüe donde está enterrado Caboto y llévele una flor.

- Caboto no sabe lo que hizo. Tal vez sea mejor que no se entere. -dijo Gómez

 
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