AÑO 18

NUMERO 617

Novela

Año: 12

Número: 562

LA NOVELA MUNICIPAL. HOY: "SEGURIDAD"

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LA NOVELA MUNICIPAL.

"A veces hasta la chaquetilla de un samaritano puede esconder al peor enemigo"

"Mire doctor -Dijo un miembro de la seguridad de AGLIERI al doctor Elena- disculpe pero lo vamos a tener que revisar. Es una orden de la Intendenta, por razones de seguridad, hay muchos robos en la ciudad y no podemos arriesgarnos..."
- ¡Revíselo nomás! -gritó desde su despacho la alcaldesa.
- Es el doctor Elena, señora.
- ¡Y qué pasa, le tiene miedo, revíselo usted o lo reviso yo!
- Dice que no tiene nada, que viene a hablar con usted.
- ¡Ya le dije que no hay excepciones para nadie, a ver,  apártese, déjeme a mí, carajo, manga de inútiles, a la final tengo que hacer todo yo!
La señora se arremangó un blusón floreado que traía puesto y se agachó con cuidado para que no se la raje el pantalón negro con una rayita gris fantasía. Las rótulas le hicieron ruido al descender. Ya en cuclillas comenzó a revisar al médico de los tobillos para arriba.
- ¡Usted mire así aprende como se hace! -le dijo la doña al vigilador privado.
En delicado equilibrio, la señora, dejaba ver una blanca y generosa porción de su retaguardia, mientras se esforzaba por tantear las pantorrillas del matasanos que sonreía cada vez más a medida que las manos de la alcaldesa subían por sus pantalones.
- Oiga ¿De qué se ríe?
- Tengo cosquillas, señora.
- ¡Epa, qué tiene acá! -dijo la señora al manotear algo duro.
- Es el estetoscopio -dijo rápido el vigilador.
- ¡Levántenme! -ordenó la alcaldesa desde su incómoda posición.
El vigilador y el médico se afirmaron a las axilas de la Intendenta que aguardaba trabada como si estuviera atajando penales, tiraron ambos a la vez hacia arriba sin conseguir enderezar a la mujer en el primer intento. También hubo un segundo y un tercer intento coronados ambos con el más rotundo fracaso.
- ¿Qué hacemos? -preguntaron los dos hombres  a la secretaria y a la vez hija de la primera mandataria que aterrizó en el salón.
- No se, llamen a los bomberos -dijo la mujer retirándose.
Los bomberos llegaron haciendo sonar todas las sirenas de todos los móviles nacionales e importados de su parque automotor. Entraron por los ventanales para probar las escaleras de altura y saltaron al salón exhibiendo cascos, hachas, sogas y mangueras. Cuando la alcaldesa vio el despliegue gritó "¡Atajen a estos locos!" y se enderezó sola. Demasiado tarde, porque el jefe de bomberos ya había señalado a la señora y la estaba apuntando con la manguera más grande con la que contaba la dotación. "¡Pare, pare, loco de mierda, radical, no tire!" gritó la jefa de estado estirando los brazos suplicando clemencia. 
- Yo no tengo la culpa, el líquido viene de abajo -dijo el jefe de bomberos cerrando los ojos. Entonces surgió un chorro exhultante y generoso que inundó el recinto y lanzó a la señora contra un armario. Fatalidad,  atentado,  golpe de estado, lo que se quiera decir, a tal punto fue una fuerza bruta criminal que desestabilizó a la primera dama. Desde ese día la señora suspendió por completo el agua de su dieta. Además, dijo que nunca, nunca nunca, pase lo que pase y caiga quién caiga, le dirigirá la palabra al doctor Víctor Elena.

 
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