AÑO 18

NUMERO 617

Novela

Año: 12

Número: 561

LA NOVELA MUNICIPAL. HOY: ALGUNOS CHUPAN CAÑA CON RUDA PORQUE LE GUSTA CHUPAR.

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Una copita es medicinal. Varias parecen tener la virtud de encender el diálogo.  A veces un tanto absurdo pero diálogo al fin. Justo lo que falta en la ciudad: diálogo. La caña puede ser una solución.

"Si usted quiere Internet gratis, póngase debajo del árbol que está a la derecha de la glorieta, vaya hasta ese lugar y conéctese con confianza", dijo la Intendenta con el codo apoyado en el mostrador del boliche de Lorenzón mientras empinaba un trago de caña con ruda.
- ¿No hay en otro lugar? -preguntó el Doctor Elena algo alegre después de la tercera copita del brebaje.
- Por ahora no. -dijo la doña.
El doctor Elena quiso manotear la botella con ramitas de ruda y le patinó el codo. "Epa", dijo inestable, frenando su "recule" contra el abdomen de un morocho con ínfulas de periodista.
- A vos de tengo visto de algún lado  -dijo Elena.
- No me diga -dijo el otro.
- A vos te dicen "el gallo". Vos sos el de los chimentos en el diario.. -adivinó el médico.
El otro se puso loco y le dijo que ya se imaginaba con quién lo confundía y que no era "el gallo" sino "el cuervo" y que no quería saber nada con ese fulano y que más chismosa era su abuela.
- Hablando de gallo, había una gallina colorada propiedad de los Alonso Criado que decían que ponía huevos de oro -dijo el bolichero vaciando la centécima botella de caña.
- ¿Huevos de qué? - gritó la Intendenta desde un rincón.
- En realidad no ponía huevos de oro pero los pollitos le salían rubios como el trigo.
- Oiga - dijo la Intendenta, dirigiéndose al comisario Fernandez- vaya vigilando que la caña está haciendo estragos.
- ¿Señora, dónde dijo que había Internet? -gritó uno que estaba agarrado a la manija de la heladera para no caerse.
- ¿Vió el olivo todo cagado cerca del Banco Nación? Ahí, si el día es lindo, tiene -gritó más fuerte la alcaldesa.
-Después le afanaron la gallina a Alonso Criado y decían que se la había robado el hijo de Mignaco para hacerse una almohada. - Continuó el bolichero al oído de Elena.
- Oiga, me equivoco o está diciendo que Mignaco era ladrón de gallinas.
- De eso lo acusaron. Pero después desarmaron la almohada y se dieron cuenta que era inocente porque las plumas eran de gallina bataraza. 
Uno que era parecido al doctor Dellaporta se agarró de la cortina y se vino de boca contra una mesa con cortina y todo. La Intendenta confundió el pañuelo con el mantel y se lo puso en el bolsillo del saco. Cuando se levantó arrastró media docena de vasos. El morochito que hablaba con Elena se mareó, se abrazó al médico para mantenerse en pie y lo sacó para afuera hasta chocar con el buzón de la esquina. Entonces Lorenzón toco pito. "Basta, dijo, se acabó la caña, vayanse todos". "Todavía es temprano: ¿Adonde carajo vamos a ir a esta hora?, dijo Elena colgado de la puerta del boliche".  ¡Andate a visitar a la novia de alguno o andate al mismísimo lugar donde te estás imaginando que te voy a mandar! -cerró el bolichero.

 
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