AÑO 18

NUMERO 617

Novela

Año: 11

Número: 547

LA NOVELA MUNICIPAL. HOY: "DISFRAZATE CARAJO"

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La señora Schnell entonces le hizo un gesto moviendo las manos de arriba hacia abajo, mientras salía cancinamente del salòn y encaraba con marcado embole hacia las escaleras. Un ruido seco sacudió el ambiente como si un objeto duro hubiese impactado contra la puerta. "A usted señora Schnell le toca el primer turno con los arbolitos que se encuentran en el frente del Municipio. Acá tiene este traje de Papa Noel, se lo pone y se queda desde ahora hasta nuevo aviso."
La señora Elsa Schnell, responsable de la subsecretaría de promoción social, frunció un poco la nariz por el olor a naftalina que manaba del disfraz rojo y blanco que sacudía la alcaldesa.
- ¿Es necesaria la barba?  - preguntó la señora Schnell.
- Muy necesaria. -dijo firme la Intendenta.
- ¿Quién me va a reemplazar?
- Está entre Dos Santos y Gómez. A decir verdad ninguno de los dos me convence. Este boludo (dijo señalando al tenedor de libros) está muy flaco y Dos Santos quiere hacer un Papa Noel todo de negro.  No va, de negro parece el sargento García.
- El zorro.
- ¿El zorro qué...?
- Todo de negro parece el zorro.
-¡Bueno, che, que te parió será el sargento disfrazado del zorro!
- ¿Entonces? -quiso saber la señora Elsa.
- Entonces vestite de una vez y andá antes que te tire con un florero.
La señora subsecretaria tomó la  barba de lana y se  dispuso a retirarse, hizo unos pasos y se detuvo frente a la puerta desde donde lanzó una mirada terrible a su jefa .
-¡Andate mierda! -gritó Ana María fuera de sí.

Elsa Schnell, cerró canchera la puerta moviendo sugestivamente el culo en señal de burla evidente mientras le hacía un gesto a su jefa moviendo las manos de arriba hacia abajo un par de veces. Una vez del otro lado corrió unos metros y desapareció rápidamente por las escaleras.

Al poco rato la puerta se abrió con gran estruendo dejando ver a la señora desencajada con un adoquín de los que hay en la plaza en la mano. "Guarda que está loca de bronca, dijo la secretaria, le quiere tirar a Elsa con el cascote que usa de pisapapeles".

- ¿Donde está esa yegua...? - preguntó la alcaldesa toda traspirada.
- Bajó por las escaleras, señora.

La alcaldesa dio media vuelta y a toda máquina corrió hacia el balcón. Miró hacia abajo para un lado y otro amagando con arrojar el ladrillo. Uno que pasaba por la vereda le gritó "queremos comer, tirame un pan dulce, gordita" o algo por el estilo. La señora volvió a mirar hacia abajo. "No llegó la yegua, (pensó) mas vale que se disfrace porque si no se disfraza la rajo", amenazó Ana María ya un poco más tranquila pero sin despegarse de la baranda.

- ¡Eh, che, petisa, tenemos hambre, tirame un pan dulce o algo...! -volvió a gritar el de abajo.

Entonces, en un impulso natural. Sin intención, claro. Sin maldad alguna. En un gesto tan espontaneo como respirar, la señora Intendenta, la reina del Salado, como si arrojara un puñado de papel picado, levantó el brazo derecho y con bastante puntería le mandó el adoquín al atrevido que le había dicho petisa.  "Yo te voy a dar petisa, boludo" -se le escuchó decir entre dientes a la señora-.

 
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