AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 11

Número: 516

LA NOVELA MUNICIPAL: "MIRANDO FOTOS DE LA INSEGURIDAD"

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"Señora han llegado los oficiales", dijo el comisario Fernandez a cargo de la Secretaría de Servicios Públicos, entrando a paso redoblado al despacho de su Majestad la señora Ana María de los Angeles del Cocco.

El milico (con todo respeto) se refería a la plana mayor de la Unidad Regional XI que arribaba al Municipio para "analizar" con la Jefa suprema asuntos de seguridad. Fernandez entró al recinto con cara de guerra pantalones cortos color "caqui", borceguíes y una camisa "Ombú" con charreteras. Dos ordenanzas que se encontraban ocasionalmente en el salón se pusieron en posición de firmes. Cuando el comandante entró ordenó a los susodichos que hagan "al hombro art" con el plumero y la escoba respectivamente. La señora, que se apantallaba con el proyecto de accesibilidad urbana, miró al funcionario y le dijo cansadamente: "Déjese de joder Fernandez", mientras se acomodaba los breteles de un vestidito de aldeana, amarillo con dibujitos de los tres chanchitos.

-¡Señora, los oficiales, aguardan en la recepción! -rugió con voz de trueno el comisario.

- Y que carajo quieren los oficiales, si se puede saber.

- Vienen a intercambiar ideas con usted sobre la seguridad en la comarca, señora.

La primera dama, la alcaldesa, la reina del Salado, sacudió un poco las patas como para provocar circulación, con el expediente del pavimento se dio unos golpecitos en los talones y, de inmediato, se calzó las ojotas.

- Está bien -dijo resollando- si no hay más remedio...

Los integrantes de la junta que conduce la comisaría local entraron al gran salón prolijamente ataviados con uniforme de gala, chaquetilla azul de franela, botas media caña y gorra en la mano derecha. Digamos, para ilustración del lector, que el aire acondicionado estaba en la modalidad "ventilador" y esa mañana hacía un calor machazo. Las caras de los milicos acusaban los 30 y pico grados a la sombra, la ropa no ayudaba y el trío (un rubio y dos morochos) sudaba como testigo falso.

- Señores oficiales, buenos días -dijo la alcaldesa.

Los tres policías se sentaron mientras se aflojaban la corbata. El más rubio del grupo encaró las tolderías y dijo que venían porque se estaba incrementando el delito en la ciudad, que sin ir más lejos el año pasado se habían orinado 394 zaguanes a la salida de los boliches y que este año el número de casas utilizadas como migitorio alcanzaban a 2134.

- ¿Solo orinan los jardines y zaguanes? -preguntó Ana María.

- También defecan señora.

- Eso es grave.

- Y escupen.

- ¡A la mierda!

Uno de los oficiales, para certificar lo dicho, extrajo de su chaquetilla un sobre con fotografías que extendió a la Reina Madre. La señora observó el material y a la segunda foto arrojó todo el paquete, sobre y contenido, desparramandolo por el salón. 

- ¡La puta que los reparió! ¡Vayan a mostrarle esto a Lamberto si quieren, carajo! ¡A quién se le ocurre traerme estas deposiciones en primer plano y a todo color, manga de masoquistas con uniforme!

Los oficiales se pusieron de pie de un salto como si tuvieran un resorte en el culo y adoptaron la posición "de firmes". Fernandez que estaba juntando las fotos también se puso firme.

- ¡Des-canso! -gritó la señora visiblemente contrariada- ¡Quiero de inmediato el nombre del autor de estas tenebrosas fotografías!

- ¿De cuales, señora? ¿De las que reflejan los líquidos o los sólidos?

- ¡De las dos!

- Los autores son dos señora, por un lado el fotógrafo comercial Néstor Estrubia y por el otro un grupo de artistas de la escuela "Lux Capere". Debo informar a su majestad que la foto en que aparece la pared con la leyenda "viva Ana María" escrita con líquidos urinarios es ganadora del primer premio del gran salón de fotografía de La Pelada...

- ¡Quiero al atorrante que descargó su vejiga en esa pared!

- Está detenido señora.

- ¿Quién es?

- Un jovenzuelo cuyo apellido no viene al caso. Hijo de un afiliado radical. Ya se lo hemos entregado a su progenitor.

Los policías embolsaron las fotos y se secaron la frente con la corbata. "Será mejor que demos por terminada la reunión -dijo la señora- vayan a sacarse las botas, por favor, me están dando calor a mí".

Ana María de los Angeles sacudió la falda de su vestidito de algodón como para ventilar los muslos y partes pudendas. Observó a los policías como para preguntar algo pero enseguida ordenó a Fernandez que los acompañe hasta la puerta. Cuando el cuarteto estaba por salir la Intendenta llamó la atención de los hombres con un chistido. Los cuatro se volvieron y miraron con curiosidad a la señora.

- Una cosa quisiera saber -dijo la dama del Salado- ¿Por qué lo largaron tan rápido al mocoso sabiendo que es la causa de la mayoría de las quejas de los vecinos?

- Porque nos orinaba toda la comisaría. -respondieron a coro los milicos.

 
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