AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 1

Número: 4

Psicosis una cinta de Edgardo Ferrero

La noche era cerrada, debemos decir que algunos grillos (¡cric, cric, cric!) se escuchaban todavía y hasta es posible que alguna que otra rana llorara en la lejanía. (Tampoco es cuestión de andar acordándose de todo uno no es una máquina carajo). Ese fue el momento en que las dos sombras cruzaron sigilosamente la calle Chacabuco en dirección hacia el este. Los encapuchados hicieron dos o tres cuadras con rapidez extrema y se perdieron en la esquina de la calle Brown. Lo curioso es que cuando vieron acercarse un camión se ocultaron en un zaguán hasta que el vehículo se alejó. Luego siguieron su camino con misteriosa prisa. De pronto uno de los mentecatos habló:
-Señor, por favor, aguarde, debemos detenernos.
-Que sucede gran secretario, ¿está usted exhausto? Sepa que es extremadamente peligroso detenernos aquí..
-Por favor gran capo, he perdido un zapato...
-¡Oh!
Caponino, el señor de los anillos del Salado, el nuevo Batman de la pampa gringa, se detuvo. Miró hacia todos lados y aguardó apoyado contra un árbol que el secretario Chuky se calzara nuevamente su mocasín. Unos perros flacos se entretenían con unas bolsas de residuos regando con unas cáscaras de banana una de las veredas de la calle Brown.
-Bien, listo señor... sigamos.
-Espere.¡Mire secretario! ¡Mire usted, allá, en la casa del Che Lano!
Chuky obediente estiró el cuello y, aunque era de noche cerrada, se colocó una mano en la frente a modo de visera para ver mejor. Su cabeza brillaba en la oscuridad.
-¡Oh, la casa parece estar rodeada gran jefe...!
 
- Así es gran secretario. ¡Rodeada por dos camiones de desagote!
Cuando el visir del rio amargo dijo esto tenía las dos manos enrolladas sobre su cara simulando binoculares. Un gallo cantó y el secretario miró con un impulso su reloj.
-¿Qué dice el reloj señor Chuky?
- Las cuatro y media señor. Es algo tarde, mi esposa se inquietará...
-¿Le parece que no debemos entrar y rescatar al Che...?
- Eso llevará su tiempo Señor...
El gran Califa de la Suiza americana pareció pensar un instante. Luego miró con sus binoculares manuales hacia la casa del Che Lano, ese asunto le llevó apenas unos segundos.
-¡Maldición!
-¿Qué sucede ahora gran jefe?
- El desagotador se ha bajado y está desplegando sus mangueras...
- Pero... -Otra vez el gallo cantó a lo lejos-
- ¡No puede ser! ¿Pero, qué pretende este buen señor? 
                               ¿
Siendo las cinco de la mañana de un día cualquiera, en la llamada ciudad de los Esperantos, uno de los secretarios del gran jefe Valesano, del bien llamado Robin Hood gringo, era despertado por su rubia esposa, justo en el momento en que "el desagotador" introducía una redonda y voluminosa manguera por la ventanilla de su brillante auto rojo.
-¡Nooo, nooo, no la abras por Dios, nooo...! -
Dice la rubia que oyó gritar y corcovear de tal forma a su esposo, a quién llaman el "Che Lano" con tanta desesperación y transpiración que le dio no se qué y que no tuvo más remedio que despertarlo.
 
-Hizo usted muy bien -aprobó el Dr. Molina mirando fíjamente al Che.-
-¿Y ahora cómo está, Doctor...?
-Bien, solo que no es conveniente que use el auto rojo por un tiempo...
-Pero... -iba a decir la rubia-
-Pero nada -siguió don Alfredo- le quedó el trauma de la manguera de caca llenando el coche hasta el borde...
-¡Pero doctor, si el que llaman, "el desagotador", que yo sepa, no abrió ninguna manguera..!
El doctor Molina miró a su alrededor. Estaba fresco y el galeno tenía puesto un abrigo a lo Humpred Bogard en la película "Casablanca".
Mientras cerraba su maletín se acercó a la esposa del Che Lano. Se hizo un silencio helado. El tordo la miró fíjamente a los ojos y entonces habló.
-En el sueño el desagotador abrió la manguera. Llenó el auto hasta el tope.
El gallo volvió a cantar a lo lejos. THE END.

 
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