AÑO 18

NUMERO 617

Humor

Año: 5

Número: 317

CARNAVALES EN EL MUNICIPIO

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En el mismo momento en que se abrieron los portalones del gran salón de los tejemanejes, ingresó el señor doctor Gabriel Chapatín de punta en blanco y disfrazado de Dios Neptuno, con melena, tridente, ojotas, túnica con lentejuelas y corona de cartón forrada con papel de cigarrillos. 

-¡Señora, buenos días, aquí estoy según lo prometido para ensayar la coreografía de la comparsa oficial!

La señora, su graciosa Majestad, terminaba de enfundarse en un disfraz de Cleopatra brilloso a más no poder con bastón de mando, blusita con voladitos y viborita hecha con una manguera. 

- Señor doctor Chapatín, espero que sea la última vez que se le ocurra participar de las carnestolendas, porque este disfraz me tiene requepodrida, sin mencionar que estuve toda la mañana para hacerlo entrar en mi anatomía...

- Le avisé señora, con la debida anticipación, que tendríamos este compromiso, usted debió seguir a pie juntillas el régimen de la banana que le proporcionara oportunamente el doctor Elena

-¿Elena? ¡Ese tipo está loco si pensaba que me iba a arreglar con una banana y media por día!

- Muy bien señora, usted se lo buscó, aténgase a las consecuencias...

- ¿Y cuanto tiempo deberé sufrir este atuendo si se puede saber?

- Hasta que termine el desfile de la murga oficial, señora. 

A todo esto, mientras se desarrollaba este diálogo entre la alcaldesa y su príncipe consorte, se fueron agregando los otros ministros debidamente caracterizados según sigue: el señor Aldo Vega de obras públicas llegó con bigotito y uniforme alemán, botas altas y fusta de cuerina; la señora secretaria de cultura Robledo ingresó disfrazada de DT de Boca Juniors con buzo azul, pelota en mano y sin careta; el secretario de gobierno Anza de Chapulín colorado haciendo amagues con el chipote chillón y, por último, el secretario de hacienda que llegó vestido de croto con palo y bulto, jarrito con ollín, saco raído y alpargatas que dejaban ver los dedos gordos de los piés. Atrasado, con la lengua afuera, casi arrastrándose por las escaleras pudo ingresar el Presidente del PRO, partido de Macri, disfrazado de shrek, con cuernitos y pintado de verde quién apenas pudo susurrar con un hilo de voz que venía a ocupar un espacio en la murga.  

- ¡Muy bien! -dijo el doctor Gabriel Chapatín- Ya estamos todos, podemos largarnos a ensayar la coreografía... ¡Adelante la banda municipal! -el abogado no terminó de gritar en dirección a las escaleras que ya asomaron los trombones, las trompetas y los clarinetes dispuestos a despacharse con la música elegida para la murga. 

- Perdón, señor asesor... - dijo la señora Intendenta mientras le tiraba de la túnica al jurisconsulto- ¿Se puede saber que musiquita tendremos que bailar en el corso?

- Señora, se cae de maduro que la batucada tocará la marcha peronista en ritmo de cambombe. 

-¡Candombe! ¡Me gusta el candombe! ¡Dígame donde me pongo! -La mandamasa de la suiza de las pampas arrancó moviendo la coctelera con una explosión de lentejuelas- ¿Doctor Chapatín, no habrá algunas plumas para la ocasión?

- ¡Sus deseos son órdenes majestad! -eso dijo el abogado y salió corriendo hasta un rincón donde manoteó un plumero para cumplir los deseos de su reina y señora. 

-¡Ahora sí, ahora estamos bien! - la gran dama se clavó un par de plumas en el balero y otras tantas en la parte de atrás de la cintura para abajo y empezó a bailar al ritmo de la banda municipal. 

Todo el gabinete empezó a mover el esqueleto de menor a mayor, primero tímidamente y, enseguida, copados los ministros, reboleando los bastones y las ojotas fueron conformando una sola cosa informe y colorida que se bamboleaba al ritmo del candombe peronista. 

Mientras tanto, más abajo, a ras del piso, en las veredas, esquinas y calles de la ciudad de Pedroni, la gente común trataba de adivinar hacia donde ir, o, mejor todavía, hacia donde debería ir, cuando aquellos que, teniendo la obligación de señalar el camino, bailan, a la deriva, sin ton ni son, disfrazados, a puro cartón pintado y lentejuela.

 
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